No había tal polarización: 78.27% versus 21.73%

Las dos partes de la boleta para el plebiscito constitucional chileno: primero, si debiera haber una nueva constitución y, de ser así, qué forma debería tomar el proceso. (Foto por cortesía de Janet Waggaman.)

Por Enzo Nervi

A pesar del esperado triunfo de la opción apruebo por una nueva constitución, a todos sorprendió el aplastante porcentaje de victoria: 78.27% contra un 21.73% de la opción rechazo. Lo que sí era esperable era que muchos se subirían al carro de la victoria para alinearse con la mayoría y no perder su capital político. Tal fue el caso del presidente Sebastián Piñera, donde a pesar de no revelar si votó apruebo o rechazo y referirse a que su voto “es un secreto de alcoba”, mencionó que “este es un triunfo de todos los chilenos y chilenas que amamos la democracia, la unidad y la paz”.

Coincidentemente con el resultado de la opción apruebo, la última encuesta de Plaza Pública Cadem, difundida un día después del plebiscito, reveló que la desaprobación del presidente Sebastián Piñera alcanzó un 78 por ciento. Inmediatamente después de los resultados, en un discurso desde el Palacio de la Moneda, Piñera no sólo negaba ser parte del problema que llevó a la realización del plebiscito y al inicio de las protestas de octubre pasado, sino que proclamaba “hoy es tiempo de sanar las heridas del pasado, de unir corazones y voluntades, y de alzar la vista hacia el futuro “. Entre líneas, el presidente estaba desestimando su responsabilidad sobre las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el Estado a los manifestantes, aún cuando la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos humanos, Michelle Bachelet, concluyó que “existen razones fundadas para creer” que desde el 18 de octubre se han cometido un elevado número de violaciones de derechos humanos a manos de Carabineros y militares en Chile.

Más allá de las actuales palabras del presidente, su desconexión con la ciudadanía se hizo evidente. El discurso de polarización en la sociedad chilena ya no tiene cabida, y su recordada frase, “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”, por las protestas de hace exactamente un año, parece cada día más alejada de la realidad. El aplastante resultado del plebiscito demostró que los chilenos no están divididos ni polarizados, sino que desde el retorno a la democracia no habían tenido una oportunidad real de lograr cambios. Por otro lado,  el hecho de que solo un 21,73% de la población votó rechazo, demuestra que aquellos que quieren mantener el modelo heredado de la dictadura son una minoría. La desconexión del presidente con la ciudadanía también se vio reflejada en las élites, dando paso a la hipótesis de que más que desconexión era querer aferrarse al poder y a sus intereses personales. Sorprendentemente para algunos, pero de manera reveladora para otros, tres de las cuatro comunas de Chile en que ganó la opción rechazo son las comunas más ricas del país. “La calle” como se refiere popularmente a la gente que sale a protestar, ha interpretado los localizados resultados del rechazo en las comunas más adineradas casi de forma metafórica. Las élites buscan mantener el poder mientras el pueblo pide lo contrario. De esta forma, a quiénes benefició por años la actual constitución se hizo evidente según quienes votaron por la opción rechazo.

Por primera vez desde el retorno a la democracia, los chilenos sintieron que su voto tendría un efecto significativo en sus vidas y salieron en masa a las urnas, registrando la mayor participación electoral desde que se instauró el voto voluntario en 2012. Atrás quedaron los tiempos en que la izquierda tradicional, la Concertación de Partidos por la Democracia, tenía que llegar a consensos con la derecha sin poder realizar grandes reformas debido a las ataduras dejadas por la dictadura y su Constitución. Esta vez, las elecciones no eran entre opciones similares, donde incluso si salía la izquierda o ésta tenía mayoría en el Congreso, el modelo neoliberal seguiría primando.

El avasallador triunfo del apruebo demuestra que los chilenos entendieron el modelo económico. Todas aquellas amenazas que utilizó la derecha en su campaña del rechazo, como por ejemplo, un supuesto aumento del desempleo, el tan anunciado fin al crecimiento económico, o el más popular de todos, convertirnos en otra Venezuela y ser otro intento fallido de socialismo en América Latina, no primaron sobre la evidencia de que el actual sistema de Estado subsidiario beneficiaba únicamente a unos pocos, sobrerrepresentados en la política chilena. Quizás “Chile despertó”, como lo dice el lema de las protestas. O quizás el ciudadano común nunca había sentido la oportunidad de cambiar el país con su voto ni de ejercer cambios reales, razón por la cual no acudía a las urnas.

Los chilenos parecen no sólo estar dejando atrás los últimos legados de la dictadura, sino que están convencidos de que pueden forjar una nueva identidad, alejados de los estigmas limitantes del pasado. La bandera mapuche se hizo notar entre las celebraciones del “apruebo”, casi superando en número a la bandera chilena. En esta nueva etapa, el estigma racista creado en la época de la colonia hacia los mapuches como un pueblo vago, al no ajustarse éstos a los valores occidentales, según palabras del connotado historiador Gabriel Salazar, pareciera no tener cabida en el nuevo Chile que al menos 5.886.421 chilenos esperan construir.

El pueblo chileno celebra el abrumador triunfo del apruebo de una nueva constitución para su país. (Foto por cortesía de Janet Waggaman.)
Enzo Nervi.

Enzo Nervi es estudiante del Programa de Maestría en Prácticas de Desarrollo de UC Berkeley y es de Valparaíso, Chile. Después de recibir una licenciatura en Economía y Administración y una Maestría en Economía y Políticas Públicas de la Universidad Adolfo Ibáñez, realizó una pasantía en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas. También fue asistente de enseñanza para el curso “El impacto de la globalización en América Latina”.

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