“Yes” Is the Answer

screen-shot-2016-09-30-at-11-05-54-am

Photo by Efrain Hererra

Por Claudia Steiner, PhD

Hace unos días caminando hacia mi casa, note en tres apartamentos de un edificio, unos cartelones pegados a las ventanas. En el primero, con letras grandes se leía NO. En el tercer apartamento aparecía el mismo cartel con un SI grande y en el del medio, uno en que se leía NI IDEA. Inmediatamente pensé en el humorista politico Jaime Garzon, asesinado por grupos paramilitares en agosto de 1999. En sus populares programas en ocasiones hacia el papel de portero en el “Edificio Colombia” donde con ironía se refería a la actualidad política del país a través de lo que sucedía entre los habitantes de los diferentes apartamentos, generalmente personajes de la política colombiana.

Creo que los carteles, con el “si,” con el “no” y con el “ni idea” en un mismo espacio reflejan de manera precisa la  situación que los colombianos estamos viviendo cuando el 2 de octubre participaremos en el plebiscito en que se votara para aprobar o no los acuerdos suscritos entre el gobierno y las Farc que permitirán abrir el camino para que la guerrilla se convierta en un partido politico legal. Si bien el SI cuenta con el apoyo y la ayuda de la comunidad internacional, para quienes el argumento que ha esgrimido el presidente durante el proceso de negociación, “prefiero una paz imperfecta que una guerra perfecta” parecería mas que suficiente, los argumentos del NO también tienen unas solidas bases.

Para quienes sufrieron la muerte y secuestro de sus familiares es difícil aceptar que los guerrilleros no vayan a ser encarcelados por los crímenes que cometieron durante los días de guerra. Para ellos no es suficiente que el gobierno comprometa a los guerrilleros a decir la verdad y resarcir a sus víctimas. Es decir, la paz por muy imperfecta que sea no puede ir acompañada de lo que consideran impunidad. Pero, y aquí esta el cartel del tercer apartamento, están los de NI IDEA que como la mayoría de los colombianos quieren la paz pero también quisieran ver un castigo mayor para quienes secuestraron y mataron a civiles desarmados. Muchos argumentos sensatos e inteligentes han esgrimido los del SI para convencer a los indecisos. Estos van desde la responsabilidad histórica para que las nuevas generaciones puedan vivir en un país en paz hasta la posibilidad de realizar programas de desarrollo social y político que antes eran imposibles en medio de la guerra.

Para quienes trabajamos durante décadas investigando sobre violencia y campesinado en Colombia, la idea de que por fin le llego la hora al campo es una razón suficiente para el SI. Gran parte de la violencia colombiana de los últimos 52 anos ha sido el resultado de un conflicto agrario no resuelto y de un sistema político que impidió la participación de expresiones distintas a las establecidas por los partidos tradicionales. El estado y los colombianos perdimos la oportunidad histórica de hacer una reformas agrarias y políticas en el momento adecuado. Las víctimas de ese NO histórico fueron los campesinos y los sectores sociales mas vulnerables del país… Los guerrilleros que hoy piden la paz han sido en su mayoría campesinos.

Los soldados muertos durante la guerra también han sido en su mayoría campesinos. Eso parecen entenderlo las víctimas y los principales actores del conflicto. Por esa misma razón ha sido alentador y admirable ver en este proceso a los generales del ejercito y a los soldados pidiendo a los colombianos votar por el SI. Por eso mismo, el lunes en la celebración  de la firma de los acuerdos entre la Farc y el gobierno para muchos uno de los momentos mas conmovedores del evento fue cuando las mujeres de pueblo de Bojaya cantaron un “alabao” la música que cantan en sus rituales funerarios. Representaron a las mujeres, principales víctimas de la guerra. Representaron a ellas y todo un pueblo que sufrir de una de las masacres mas brutales del país, cuando en un solo día de 2002 fueron asesinados 117 habitantes del pequeño caserío, entre ellos ancianos y niños. Si ellas fueron capaces de cantarle a la paz y de perdonar, porque no pensar que todos los colombianos podemos también hacerlo?

____

The following is an English translation of the above:

By Claudia Steiner, PhD

Last week, while walking home, I saw in one of the buildings on the street that on the windows of three different apartments signs had been posted. On the first apartment written in black letters, I read a big NO and on the third a big . I couldn’t help but smile when I read the one in the middle that said NI IDEA (no idea). I realized that these signs correctly summarized the emotion generated by a referendum that will take place on October 2 where Colombians will vote on whether or not to approve the agreements signed on September 26 between the government and the Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

But the signs on the windows also reminded me of Jaime Garzón, the political humorist killed by paramilitary groups in August 1999. In his popular programs, he sometimes played the role of the doorman of the “Edificio Colombia,” where he ironically referred to the then current political situation of the country through events that took place with fictional residents of the building — usually characters in Colombian politics.

While the SI has the support and assistance of the international community, for whom the reasons argued by the president during the negotiation process, “I prefer an imperfect peace to a perfect war,” would seem more than enough, the NO arguments are also based on solid foundations.

For those who suffered from their relatives’ deaths and kidnappings, it is difficult to accept that the guerrillas are not going to be imprisoned for crimes they committed during the war. For them, it is not enough that the government has compelled the guerrillas to tell the truth and compensate their victims. In this sense, an imperfect peace for them means impunity. But, and here lies the meaning of the third sign, the NI IDEA represents the dilemma of an important group of undecided voters.

Those, that like the majority of Colombians, want peace but would also like to see more severe punishments for those who kidnapped and killed unarmed civilians. Many sensible and intelligent arguments have been presented by the SI to convince the undecided. These range from the historical responsibility that the country has to allow the new generations to live in a country at peace, to the possibility of carrying out programs of social and political development that were previously impossible in the midst of war.

For those that have for decades done research about violence and peasants, the idea that finally the time has come for rural Colombia is sufficient reason for SI. Much of Colombian violence of the past 52 years has been the result of an unresolved agrarian conflict and of a political system that prevented the participation of other expressions different from those established by the traditional parties.

The Colombian state missed the historic opportunity to make agrarian and political reforms at the right time. The victims of that historical NO were peasants and the most vulnerable sectors of the country. The guerrillas, who today call for peace have been mostly peasants. The soldiers killed during the war have also been mostly peasants. This seems to be understood by the victims and by the main actors in the conflict. For that reason, it has been encouraging and admirable to see in this process generals and soldiers of the army asking Colombians to vote for the SI.

For this same reason, last Monday, during the ceremony where the agreement was signed between the FARC and the government, one of the most emotional moments of the event for many was when a group of women from Bojayá sang an “alabao,” the music sung in their funeral rituals. They represented women, the main victims of war. They also represented the people of Bojayá. These people suffered one of the most brutal massacres in the country, when in one day in 2002, 117 inhabitants of the small village, including the elderly and children were murdered. If they were able to sing for peace and forgive, why not hope that all Colombians can do it too?

img_0905CLAUDIA STEINER has a Ph.D. from the University of California at Berkeley and an M.A. from the University of Wisconsin at Madison. She has been a professor of history and anthropology at Universidad Nacional and Universidad de los Andes in Bogotá, Colombia. She was chair of the Anthropology Department at Universidad de los Andes from 2004 until 2009. Until 2013 she was associate professor and editor of the journal Antípoda.

She has published several articles about peasants and violence in Colombia and written the book “Imaginación y Poder en Urabá. El Encuentro del Interior con la Costa (1900-1940)”. With Roberto Pineda and Carlos Paramo she published the edited book “El Paraíso del Diablo. Roger Casement y el Informe del Putumayo, un Siglo Después.” Currently she is adjunct professor of the Anthropology Department at Universidad de los Andes.

This entry was posted in Uncategorized and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s