Una Paz Imperfecta, Justa y Necesaria

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Photo by Martin St-Amant.

Por Almudena Bernabeu

Tras años sin tregua ni descanso, Colombia firmará en las próximas horas un acuerdo de paz que pone fin a los más de cincuenta años de conflicto armado que han abatido y en muchos casos redefinido política, cultural, geográfica y hasta psicológicamente el país. Las negociaciones se cierran hoy con la firma del acuerdo de paz a la que seguirá un plebiscito que lo refrendará, una PAZ que se celebrará, y un importante número de acuerdos que la implementarán. Quizá lo más duro está siendo, aunque no inesperado, presenciar cómo cuanto más cerca esta esa firma definitiva de la paz, más se polariza la sociedad Colombiana, pues hay quienes consideran que negociar con las FARC es rendirse, abogando por una victoria militar — siempre lo han hecho — y no por una paz negociada.

Uno de los puntos más delicados en la agenda de negociación y en todo caso el que conozco mejor por mi trabajo y por convicción, ha sido el punto 5, el Acuerdo de Víctimas. Este punto 5 ha estado a cargo de establecer un marco jurídico para los mecanismos de justicia transicional que necesariamente se pondrán en funcionamiento una vez se haya firmado con éxito la paz. El Acuerdo, que fue publicado por la mesa de negociación en la Habana en diciembre de 2015, ha sido criticado por próximos y ajenos con severidad. Su lectura es compleja y su comprensión elusiva, pero no cabe duda que es un principio sólido que sienta las bases para un marco de justicia en transición que tiene muy en cuenta a las víctimas y a las graves violaciones que durante todos estos años se han cometido contra el pueblo Colombiano.

La presencia de las víctimas desde etapas muy tempranas en el proceso de negociación es consecuencia del trabajo de las organizaciones e instituciones de la sociedad civil Colombiana que llevan años organizando, luchando, exponiendo los abusos cometidos, asegurándose en definitiva que las víctimas como colectivo inevitable de la gravedad y la duración del conflicto, tengan su propia voz. El resultado es indiscutible: un acuerdo que proporciona el reconocimiento necesario a ese colectivo y contempla las reparaciones necesarias.

Sin embargo, si fue duro asegurar que las víctimas tuvieran voz en el proceso de negociación y con su presencia se garantizara este punto 5, aún más dura se prevé su implementación. Riesgos tan comunes como la burocracia, la inefectividad, un posible conflicto de delimitación de competencias, manipulación política de la falta de resultados etc., son riesgos reales que pueden agravar el desasosiego de las víctimas y que no son ni raros ni nuevos para quienes trabajamos por el éxito de estos procesos de justicia transicional.

El acuerdo de víctimas reconoce así mismo la importancia de la verdad y la justicia en la construcción de la memoria histórica como paso imprescindible para la reconciliación de la sociedad Colombiana. Con un conflicto tan largo, doloroso y complejo, es imperativo reconocer en detalle, a través de la construcción de la memoria histórica, quiénes han sido las víctimas, quiénes los victimarios y cuáles son las necesidades de reparación. El acuerdo Colombiano prevé lo que se ha dado en llamar la formación del “Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición,” que incluirá además de la Jurisdicción Especial para la Paz, una Comisión de la Verdad, instancias que promoverán y sentarán las bases para recopilar la información necesaria para finalmente entender qué pasó en el conflicto, cómo pasó, y quiénes han sido los más afectados.

Como apuntaba más arriba, no han faltado voces críticas y hasta negativas con este acuerdo sobre víctimas llamándolo incluso un acuerdo de impunidad. No estoy de acuerdo; quienes han dicho esto públicamente revelan un desconocimiento de la realidad de las dificultades que una negociación de estas características reviste y buscan un protagonismo inoportuno y peligroso para el proceso y su éxito. Si a uno le importa Colombia y su paz definitiva, debe estar de acuerdo con lo pactado. Es cierto que las sanciones podrían ser más severas, que se eluden peligrosamente teorías indirectas de responsabilidad penal individual, que cuesta imaginarse un universo donde instituciones preexistentes y nuevas instituciones coexisten mientras mantienen la necesaria autonomía. Incluso es posible que más adelante haya que revisar y matizar este punto 5 para hacerlo más efectivo y asegurar los resultados que las víctimas anhelan. Nada de esto sin embargo es excusa ni justificación para no reconocer que Colombia y los Colombianos han hecho un esfuerzo enorme en la construcción de paz y al establecer un sistema de justicia que enfrente y reconozca las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el conflicto.

No hay manual de instrucciones para un proceso de paz, y mucho menos para un proceso de paz de la complejidad del Colombiano. Hay lecciones aprendidas, sabiduría explicita e intuida y sobre todo hay cansancio; cansancio y deseo, en mi opinión genuinos, de concebir y vivir otra Colombia, una Colombia que desaprenda la violencia y con suerte no se acuerde de lo que es nacer, crecer y vivir en guerra.

No me cabe duda, como abogada internacional y como alguien que cree y pone en práctica la justicia transicional, y sobre todo como alguien que respeta y admira Colombia, que hoy todos los Colombianos así como la comunidad internacional por entero deben celebrar y apoyar la conclusión de esta negociación de paz y apostar, sin matices, por el fin definitivo del conflicto, por la paz. Esto, insisto, no significa hacer concesiones o abandonar el derecho a ser crítico o a pedir más; no significa renunciar a creencias personales o superar de pronto miedos justificados; todo en su debido momento. Estas serán sin lugar a dudas bazas claves para guiar el post conflicto y la implementación de estos acuerdos. Firmado el acuerdo y blindada esa paz, el reto estará en asegurar su correcta implementación; ya se han adoptado importantes pasos para ponerla en marcha, muchos somos quienes estaremos cercanos e intentaremos echar una mano en todo lo que podamos en ese proceso con el fin de que lo acordado hoy se materialice y con ello dar espacio a las víctimas, garantizar la justicia, y transformar Colombia para siempre.

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Almudena Bernabeu es abogada internacional y directora de justicia transicional del Centro de Justicia Y Responsabilidad en San Francisco. Almudena desempeña su labor entre San Francisco, Londres y Madrid. Almudena lleva mas de una década trabajando en Latinoamérica y en otras partes del mundo en defensa de los derechos de las víctimas en situaciones de post conflicto y concluidos periodos de abuso por parte del Estado luchando por garantizar justicia en todo proceso de justicia transicional.

En su calidad de experta Almudena asesora a organizaciones e instituciones claves de la sociedad civil Colombiana en todo lo relativo al acuerdo sobre víctimas y justicia especial para la paz, que hoy hace parte de los acuerdos de paz que se discuten en la Habana.

English version available here.

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2 Responses to Una Paz Imperfecta, Justa y Necesaria

  1. Enrique Yepes says:

    Gracias por un balance sensato y esperanzador, teniendo en cuenta tantos factores conflictivos. El gesto de cerrar un capítulo que ha resultado excesivamente largo, aunque sus secuelas queden por décadas, es un paso justo y necesario para la sociedad colombiana (las nacionalidades no se escriben con mayúscula en español). Saludos,
    EY

  2. Pingback: An Imperfect, Just, and Necessary Peace | Center for Latin American Studies, UC Berkeley

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