Nueva oportunidad para Argentina

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Mauricio Macri emite su voto en el balotaje de las elecciones presidenciales, 22 de noviembre de 2015. (Foto por Mónica Martínez.)

Por Roberto Guareschi

Mauricio Macri asume la presidencia de Argentina luego de derrotar al peronismo. Un paso más hacia el fin del populismo. Cristina Fernández de Kirchner se irá de la presidencia de Argentina, al cabo de doce años, contando los cuatro en que su marido Néstor ocupó ese cargo. La pareja había ideado un esquema que burlaba la alternancia democrática: querían turnarse cuatro años cada uno. De hecho compartían el poder. Pero Néstor se murió. Y ella siguió sola, votada un período más. Querían eternizarse, como Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador.

Macri llega al poder por su capacidad para personificar un cambio y por el hartazgo de la mitad de la población por el estilo de confrontación y rabia impuesto por Cristina y su promesa incumplida de una redistribución de la riqueza. Es cierto que ésta se concretó en alguna medida pero sin modificar ninguna estructura.  Por eso ha vuelto a crecer la pobreza, pese a que el país tuvo muchos años de crecimiento económico a tasas chinas, gracias a las exportaciones de soja.

Una lista de los desafíos que tiene ahora Macri puede verse en un artículo que escribí para este blog en mayo.

¿Qué significa el triunfo de Macri para América Latina? Primero, acelera el fin del populismo por la influencia política y económica que Argentina tiene en la región pese a todos sus recurrentes problemas.

Los populismos de Ecuador y Venezuela también vienen en declive y el de Brasil (una versión muy morigerada) empieza a virar hacia la ortodoxia.

Pero la salida del populismo en Argentina no es el principal factor de ese ocaso, sino la caída mundial del precio de las materias primas. El populismo no puede sobrevivir en crisis económicas a menos que tenga gran eficiencia administrativa.  Por eso mismo Evo Morales parece fuerte: tiene la economía ordenada gracias a su vicepresidente, mientras él se encarga de lo que más le gusta y sabe: mantener, con su carisma, su base política.

La ineficacia (y en segundo lugar la crispación) es el principal factor en la caída del kirchnerismo, no la corrupción ni su avance sobre los otros poderes del Estado. Sus mayores méritos son una política cultural y científica pujantes y el haber reinstalado la idea de un Estado fuerte, capaz de arbitrar en una economía exánime y desnacionalizada. Y digo la idea porque no se pudo concretar. Un ejemplo: la aerolínea estatal renacionalizada pierde más de un millón de dólares por día (!) por la corrupción y la ineficiencia.

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Aviones de Aerolíneas Argentinas estacionados en Aeroparque, Buenos Aires. (Foto por Jorge Gobbi.)

Macri tiene un trabajo dificilísimo: sincerar una economía que agoniza casi sin reservas monetarias después de años de despilfarro. ¿Cómo hará para realizar un ajuste económico inevitable contra gremios tradicionalmente peronistas, en una sociedad con alta conciencia política?

Necesitará gran pericia e influencia para evitar conflictos sociales que pueden ser violentos. Carisma, por ahora no tiene. ¿Y eficiencia? Es un empresario (hijo de un empresario millonario) que ha mostrado eficiencia como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Hay que ver cómo le va en las “grandes ligas.”

Con Macri llega al poder una nueva generación, posiblemente capaz de comprender la complejidad de esta época. Cristina tiene apenas seis años más que él, pero su mundo es el de los años 70, cuando el concepto de “imperialismo“ explicaba todo; y su visión de esta época es una actualización desprolija.

Cristina viene de la clase media y del peronismo, que por definición es una alianza de clases. Macri nació en la clase alta pero sabe manejarse en cualquier escenario: fue un exitoso presidente del club de fútbol Boca Juniors. Aun así, entre sus colaboradores y ministros predomina el empresario de clase alta. Tendrá que mirar por encima de su propia clase si quiere gobernar a una sociedad politizada que conoce sus derechos.

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Roberto Guareschi es columnista y consultor en medios digitales. Fue director periodístico del diario Clarín y Visiting Lecturer en la Graduate School of Journalism de UC Berkeley.

 

 

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